En México, el retail está entrando en una nueva etapa donde entender lo que siente el cliente —y no solo lo que hace— se convierte en una ventaja competitiva clave.

El sector minorista en México cerró 2025 por todo lo alto, con un crecimiento del 3.1 al 5.6%, y para 2026 se proyecta que la tendencia seguirá siendo positiva, con un crecimiento de entre el 3.9 y el 6.3%, según cifras de la Asociación Nacional de Tiendas de Autoservicio y Departamentales (ANTAD).

Este crecimiento ha estado atravesado por numerosas transformaciones, especialmente en lo que refiere al comercio electrónico y a nuevos canales digitales para la venta. Es una expansión que trae consigo una complejidad a la hora de entender a los clientes, porque al multiplicarse los puntos de contacto se exigen niveles de personalización cada vez mayores. El reto para los comerciantes que buscan mantenerse competitivos es comprender qué compra su clientela, por qué lo hace y qué emociones influyen en sus decisiones.

Biometría en retail: qué es y cómo funciona

Allí es donde la investigación biométrica ha ganado terreno. Según una publicación de la compañía global de soluciones tecnológicas EPAM Systems, el sector minorista ha dado un paso más allá del análisis de clics, encuestas o métricas tradicionales, para profundizar en la mente consciente y subconsciente del consumidor, analizando respuestas fisiológicas que revelan niveles de atención, carga cognitiva y reacción emocional frente a productos, campañas o experiencias de compra.

De acuerdo con análisis de expertos de EPAM, la biometría aplicada al retail se apoya en tecnologías como el seguimiento ocular (eye tracking), la electroencefalografía (EEG) y la medición de la actividad electrodermal, que permiten capturar en tiempo real cómo las personas procesan la información visual, cómo responde su cerebro ante determinados estímulos y qué nivel de activación emocional experimentan durante una interacción.

El seguimiento ocular, por ejemplo, ayuda a identificar qué elementos captan realmente la atención de los clientes, cuánto tiempo se detienen en un producto o qué rutas visuales siguen al navegar un sitio web o recorrer una tienda. La electroencefalografía, en tanto, permite interpretar estados cognitivos asociados a concentración, esfuerzo mental o engagement, ofreciendo señales claras sobre si una experiencia resulta intuitiva o cognitivamente demandante. A esto se suma la medición de la respuesta galvánica de la piel, que aporta información sobre niveles de estrés, excitación o interés, incluso cuando el consumidor no es plenamente consciente de ellos.

De los clics a las emociones

Este tipo de investigación ya está mostrando impactos concretos en la toma de decisiones. En experiencias recientes del sector, los estudios biométricos han permitido cuestionar inversiones tecnológicas que, aunque atractivas desde lo visual, no necesariamente generan mayor conexión emocional con el cliente. En otros casos, el análisis ha ayudado a identificar puntos críticos de fricción en procesos como el checkout digital, donde pequeños ajustes basados en datos fisiológicos han reducido el estrés del usuario y mejorado significativamente las tasas de conversión.

Para el sector minorista nacional, que vive una etapa de crecimiento sostenido y diversificación de categorías, estas herramientas abren la puerta a un entendimiento más profundo del consumidor local, brindando la posibilidad de evaluar cómo reaccionan las personas ante un layout de tienda, un empaque, una campaña digital o una narrativa de marca. Esto conlleva a que las marcas puedan diseñar experiencias más alineadas con expectativas reales.

El futuro del sector minorista: decisiones emocionales

En la medida en que el retail mexicano continúe creciendo y sofisticándose, la capacidad de conectar con el cliente desde lo emocional y lo cognitivo perfila a la biometría como uno de los nuevos motores de innovación para el sector.